Quinta Entrega: ¿QUIEN CURA LAS MARCAS DEL DESARROLLO?

Marabá – Brasil, noviembre 24 de 2014.
Carmen Amaya y Jairo Forero – CVX Colombia

Exposición de tablas de picado
Hace un tiempo nuestro amigo Cristiano nos invitó a participar en un taller llamado: ¿Cómo funciona la sociedad?, en un centro cultural de la ciudad de Marabá. Allí nos encontramos con la obra de un artista que nos llamó la atención, se trataba de una exposición de tablas de picado que utilizan las mujeres en sus cocinas para preparar los alimentos. Decidimos conversar con este hombre y nos contó que su esposa le dijo que al picar, las mujeres dejaban en la tabla marcas diferentes dependiendo de la fuerza con que hicieran el trabajo y eso dependía especialmente de sus sentimientos y de su estado de ánimo al cocinar, por eso cada una es diferente de la otra; a lo largo del tiempo estas tablas han cambiado de material, lo que no cambia es que en cada marca superficial o más profunda está expresada toda una historia. 

En el modelo económico capitalista actual, los países han emprendido una peligrosa carrera por destacarse en el entorno mundial a partir del aprovechamiento de los yacimientos naturales que poseen en sus territorios, esta carrera también nos toca de cerca, pues nos mueve a querer tener cada vez más, a consumir como individuos y como familias para destacarnos y sobresalir, tal dinámica está dejando a su paso marcas muy profundas en nuestro mundo, en la humanidad. Algunas de esas marcas se hacen visibles a grandes distancias, grandes hoyos en medio de la selva y otras se esconden tras las grietas de casas estremecidas por el ruido de los trenes que transportan toneladas de minerales hacia otros países y con ellas la dignidad de pueblos enteros, sin que podamos siquiera notarlo.

El proyecto Ferro Carajas de la empresa Vale do Rio Doce fue la base para el dinamismo nacional e internacional de la corporación VALE S.A. Inaugurado en Brasil en el año de 1985, el proyecto contempló la construcción del complejo mina – ferrovía – puerto, necesarios para la explotación económica de la Provincia Mineral del Carajas. La cadena de extracción, tratamiento y salida del mineral de hierro de la región del Corredor de Carajás que va desde el sudeste del estado de Pará y el oeste del estado de Maranhão está a cargo de esta empresa que es la tercera minera más grande del mundo y que tiene los derechos a la explotación del mineral de hierro de esta región. Las actividades de la empresa y del complejo siderúrgico que hace parte de la cadena productiva de la minería, creada para el procesamiento del mineral extraído han tenido impactos socio ambientales irreversibles[1].

Con la apertura de la mina de mineral de hierro a cielo abierto más grande del planeta inicialmente se afectó la Selva Nacional de Carajas (Floresta Nacional do Carajas – FLONACA), una reserva ecológica en la que aún habitan pueblos ancestrales indígenas y negros e innumerables especies de fauna y flora endémicas. Tuvimos la oportunidad de visitar la mina y las imágenes son devastadoras, pues para entrar en ella es necesario atravesar la reserva natural de Carajas y pasar por el parque zoo botánico que la misma empresa tuvo que crear como estrategia de responsabilidad social y ambiental para albergar a las especies que fueron afectadas luego de las explosiones con las que se abren los socavones para la explotación del mineral. Así mismo, atravesamos la ciudad donde viven los trabajadores del complejo industrial, una serie de barrios perfectamente organizados y planificados con todos los servicios garantizados y con normas ambientales estrictamente aplicadas, que contrastan con la pobreza del municipio Canaá dos Carajas cercano a la mina; al atravesar las calles es posible ver cómo los trabajadores están divididos según la jerarquía que ocupan en la empresa, es posible también, identificar las zonas donde habitan los que ganan menos salarios y aquellas en las que viven los jefes. Al llegar a la mina en si misma, el paisaje cambia y todo se torna de color rojizo, las plantas están llenas de polvo y la vegetación es diferente, pues la empresa tiene que “restaurar” los daños efectuados en el ecosistema, reorganizando el paisaje y plantando especies vegetales que jamás reemplazarán las que allí se encontraban. Para no dar más descripciones, creemos que algunas imágenes serán más contundentes de las marcas que esta decisión humana está dejando en la naturaleza.

Especies animales en cautiverio. Ver más fotos en el archivo descargable.
De otro lado, con la instalación de los 892 Km. de ferrovía que transportan el mineral de hierro desde la mina hasta la terminal y puerto en São Luis de Maranhão la empresa afectan más de 100 comunidades que viven a lo largo de la carrilera del tren, entre las múltiples violaciones de derechos humanos que efectúa esta empresa en connivencia con el Estado están[2]
  • Degradación ambiental del aire, polución atmosférica, contaminación de las fuentes hídricas, reemplazo de especies vegetales nativas por monocultivo de eucalipto.
  • Uso intensivo de agua en la operación de las minas y de las empresas siderúrgicas lo que impacta el abastecimiento de agua a las poblaciones que están viviendo cerca de la Reserva Forestal Nacional de Carajas.
  • Atropellamiento de personas y animales a lo largo de la ferrovía.
  • Polución sonora, resquebrajamiento de las casas causada por el paso de los trenes con una frecuencia de cada hora.
  • Violación del derecho de ir y venir, por ejemplo dificultades para atravesar los rieles del tren. 
  • Inundaciones de las comunidades por falta de adecuados sistemas de drenaje al lado de la ferrovía.
  • Interrupción de cauces de ríos.
  • Generación del fenómeno llamado “meninas e meninos do trem” niños, niñas y adolescentes que viajan escondidos debajo del mineral de hierro, dentro de los vagones del tren.
  • Las explotaciones de mineral de hierro, así como la cadena de procesamiento del mineral pone en riesgo el patrimonio natural y cultural de la Reserva Forestal Nacional a través de la destrucción de sabanas metalófilas y de su biodiversidad endémica, así como destrucción de cavernas de gran valor arqueológico. 
  • Inseguridad territorial y violencia contra las poblaciones afectadas: desplazamiento forzado y manipulación de información fundamental para el desenvolvimiento de la seguridad territorial, ambiental y económica de las comunidades que viven a lo largo de la ferrovía. 
  • Diseminación de conflictos entre los habitantes de las comunidades, lo que afecta directamente el derecho de una vida pacífica. 
  • Presión de la empresa VALE S.A. para no regularizar la propiedad de las tierras de comunidades negras e indígenas y promoción de procesos descontrolados de urbanización relacionados a la migración de comunidades en busca de trabajo en otros municipios cercanos con el consecuente aumento de violencia que afecta especialmente a la población joven.
  • Transformación de territorios y culturas, con el consecuente desencadenamiento de procesos rápidos y difícilmente asimilables por los tejidos sociales, políticos y económicos de la región. 
  • La cadena minera se inserta en los ciclos sucesivos de desarrollo que alteran y continúan alterando la identidad de la región, imposibilitando el enraizamiento de las personas en un proceso de identificación y pertenencia a sus territorios. 
  • Graves impactos en la vida de las mujeres, niños y ancianos, acentuando desigualdades de género y problemas generacionales como: precarización del acceso a la maternidad segura y a los servicios de salud, explotación sexual, abuso sexual, violencia contra las mujeres, embarazos indeseados, incremento en los índices de enfermedades, especialmente las de trasmisión sexual, aumento de las vulnerabilidades de la niñez y los ancianos.
  • Agravamiento de los impactos generados por la actividad siderúrgica, como ocupación de territorios, precarización extrema de las condiciones de trabajo y constante incidencia del trabajo análogo al esclavo. 
  • Influencias e impactos negativos sobre el derecho a una educación pública y de calidad, recrudecimiento de la violencia institucional contra las comunidades, espionaje, persecución y amenazas contra los líderes de las comunidades.
  • Recrudecimiento de las estructuras racistas. 
Al adentrarnos un poco más en la comprensión este problema tan grave de la minería en la región en la que vivimos, nos encontramos con el trabajo del padre Dário Bossi y de la Rede Justiça nos Trilhos[3], este sacerdote Comboniano acompaña hace siete años a las comunidades afectadas por la industria minera y ha conseguido a través de la sistematización de las denuncias que hacen las comunidades, organizar esta coalición interinstitucional que aglutina movimientos sociales, pastorales, sindicatos, núcleos universitarios, que actúan en defensa de los derechos de las comunidades que viven en las áreas atravesada por la carrilera del tren.

Viajamos hasta la comunidad de Pequiá de Baixo en el municipio de Açailândia ubicado en el estado de Maranhão para conocer de cerca el trabajo que él y su comunidad Comboniana (Hno. Antonio, P. Máximo, P. Ángelo), así como un equipo de laicos está realizando para denunciar y reclamar justicia para las víctimas del “desarrollo”. Su trabajo es como la semilla del Reino, pequeña y frágil pero llena de esperanza y de alegría por la causa de los más pobres. Allí conocimos a los habitantes de la comunidad quienes junto al padre Dário nos contaron más de cerca los problemas causados por la siderúrgica que se construyó al lado de su pequeño poblado y que contamina el agua del río del que ellos y sus animales beben, que ha enfermado a sus niños y ancianos con las emisiones de gases y polvo de hierro; contemplamos cómo se da paso a paso la lucha por conseguir la restitución de sus derechos fundamentales, cómo en medio de la lluvia, con marchas, manifestaciones, bloqueos y denuncias, consiguieron el reasentamiento de su comunidad en un lugar realmente digno.

El testimonio misionero del padre Dário y de sus compañeros nos encendió aún más el corazón, especialmente porque nos compartía con inquietud, que tiene una gran necesidad de contar con más colaboradores que deseen donar su vida, su tiempo y conocimiento para acompañar las comunidades. Comprobamos que no son muchos los profesionales que se sienten llamados a defender las causas perdidas del mundo pobre y que es urgente el que más personas sientan en su corazón el llamado a entregarse a favor de otros.

Si en la experiencia misionera el Señor nos interpela para ir a la frontera, al estar bajo el sol del medio día en las luchas de los vencidos del mundo, Él mismo nos invita a tomar una opción de vida como los vivimos en los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Sin lugar a dudas, este acercarnos a la frontera ecología nos desafía como comunidad CVX a tomar decisiones que nos desacomoden cada vez más, que nos liberen de nuestros egocentrismos y nos pongan en la misma barca con el Señor en medio de la tormenta, es decir vivir a la intemperie. ¿Hasta dónde estamos dispuestos a contemplar las marcas del desarrollo, a dejarnos apasionar y llevar por el Señor en esta frontera de la Ecología? ¿Qué acciones concretas podemos emprender de manera personal y como comunidad que nos acerquen más a los vencidos del mundo? Como cantaba un artista peruano: “Se necesita un selecto personal, de ambos sexos y de cualquier edad, para la elaboración de libertad, en una empresa a punto de quebrar…”. ¿Quién quisiera dejarse afectar?

De camino a la mina visitamos el monumento a la masacre de los campesinos sin tierra en 1996

[1] Fuente: PLATAFORMA DE DIREITOS HUMANOS ECONÔMICOS, SOCIAIS CULTURAIS E AMBIENTAIS. Mineração e violação de direitos: O projeto ferro Carajás S11D, da VALE S.A. Relatório da missão de Investigação e Incidência. 1a Edição. Açailândia 2.013. Disponible en http://global.org.br/wp-content/uploads/2013/10/relatorio_missao_carajas.pdf 
[2] Ibidem p. 19-20