17 de julio de 2015

Editorial: El llamado ineludible de la Encíclica “Laudato Si”

“El llamado ineludible de la Encíclica “Laudato Si” para toda la humanidad para una transformación desde la:
Metanoia, Alteridad y la Parresía”

Mauricio López Oropeza
Secretario Ejecutivo
Red Eclesial Pan-Amazónica


“… si ya no hablamos el lenguaje de la fraternidad y de la belleza en nuestra relación con el mundo, nuestras actitudes serán las del dominador, del consumidor o del mero explotador de recursos, incapaz de poner un límite a sus intereses inmediatos”
Encíclica del Papa Francisco, Laudato Si. No. 11

La humanidad toda gime con dolores de parto. Esto no es una interrogante, una inquietud o una intuición; es un hecho concreto, definitivo, y que está marcando un parteaguas ineludible en nuestra realidad como humanidad toda. Esta realidad no se escapa de nuestras manos, aunque muchos quieran evadir la propia responsabilidad hablando de procesos cíclicos de la naturaleza u otras explicaciones ingenuas e irresponsables. Estamos viviendo las consecuencias de un modelo de vida, y de supuesto “desarrollo”, que no tiene futuro. Uno que se sostiene en un sistema que tiene repercusiones terribles en la vida de las personas, y que, incluso, mata. 

La “cultura del descarte” que denuncia con tanta fuerza y frontalidad el Papa Francisco es el resultado de un sistema de vida, denominado neoliberalismo (ahora con sus expresiones llamadas post-neoliberales), donde gran parte del ser humano ha perdido la noción de su relación de pertenencia con la propia tierra y la naturaleza, por lo tanto también se ha desarraigado de sí mismo y su interioridad (incluso de su espiritualidad), y por lo tanto vive completamente ajeno de la realidad del otro, a menos que haya un interés de por medio que genere un valor de transacción, sea monetario o incluso afectivo. A esto se refiere el Papa Francisco con respecto a esta dinámica de descarte o de “use y tire” que enmarca nuestras relaciones. Esto tiene hoy indudables repercusiones en nuestra casa común, en nuestra hermana tierra, y por lo tanto nos lleva a preguntarnos: ¿cuál es el futuro al que podemos aspirar ante esta situación tan grave?

La Encíclica “Laudato Si, sobre el cuidado de la casa común” abraza, acoge y resuena con los gemidos de nuestra hermana tierra y nuestra casa común, afirmando en su número 2: “entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que “gime y sufre dolores de parto” (Rm. 8, 22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn. 2, 7)”. Asimismo, reconoce que los más afectados y vulnerados por los impactos socio-ambientales actuales, y por el modelo de descarte que vivimos, son siempre los más empobrecidos para quienes se agrava aún más su situación de vida. Este sistema, así como está, aún con los aspectos positivos de desarrollos científicos y avances tecnológicos en distintos campos de la vida, está manejado por intereses particulares con un fin predominante y orientador de todo: el de acumular más riqueza por encima de todo y de todos. Esto no va más, no puede ir más.

Esta carta orientadora del Papa Francisco reconoce también que lo que está en juego no son los poderes en pugna; lo que está en disputa es la propia humanidad y su futuro, y en ello están en riesgo los más vulnerables, que son los más empobrecidos. Ahora reconociendo también a las futuras generaciones como aquellos más vulnerables porque no tienen voz ninguna ante esta situación. Es necesario que asumamos que esta Encíclica está dirigida a la humanidad toda, que ha sido lanzada en una coyuntura propicia para repensar en todos los ámbitos de nuestra vida nuestras prioridades, estilo de vida, y en donde ponemos las energías para buscar una transformación de las estructuras injustas y de pecado desde donde sea que nos encontremos. Esta situación, y el llamado a cambiar, se vuelve un “imperativo ético universal” que no deja lugar a dudas sobre su importancia máxima. Para todos los que trabajamos en la defensa de la vida, del medio ambiente, de los derechos, que intentamos acompañar a los más empobrecidos, y en tantos otros sitios de frontera, la “Laudato Si” se convierte en un paradigma irrenunciable sobre el cual debemos repensar y sustentar nuestra acción y misión dentro del mundo.

Me permito invitar a todas y todos a hacer una lectura de esta Encíclica, independientemente de sus creencias o ámbitos de misión y vida, desde 3 lentes que nos ayuden a preguntarnos qué tan en serio nos tomamos este llamado:


1. Desde la “METANOIA”. Esta palabra, metanoia, significa transformación profunda y radical del corazón. Es decir, un cambio serio y determinante, que me mueva a ser y a hacer desde una mirada distinta sobre mí mismo. Es incluso cambiar la esencia por la que estoy dispuesto a vivir y dar la vida. Asumir el cambio hacia el cuidado de nuestra casa común y de todos los que en ella viven (sobre todo los más vulnerables por excluidos o porque aún no están entre nosotros), significa repensar y replantear todo nuestro esquema de vida, y preguntarnos qué es aquello por lo que queremos entregar la vida. Aspiramos a existir para nosotros mismos y un bienestar superficial y pasajero representado por el tener, o por la posibilidad de una plenitud enmarcada en gastar la vida por un fin mayor, más profundo y universal. ¿estoy dispuesto, al menos deseando intentarlo, a un cambio así? y ¿qué significa en lo concreto este cambio?


2. Desde la “ALTERIDAD”. Esta palabra, alteridad, significa encontrar el sentido de la propia vida, incluso de mi propio misterio, a partir de los ojos y la existencia del otro. Mi esencia está fuertemente determinada por la capacidad de reconocer el misterio de la vida que me plenifica en la medida en que me reconozco más allá de mí mismo, y en los ojos de los otros. Y para los creyentes, con una absoluta claridad de que esta mirada alteritaria debe estar sobre todo sostenida y cimentada en aquellos más vulnerables que representan la carne de Cristo vivo y encarnado. Transformar este mundo, dado que aún estamos a tiempo (aunque estamos en el límite), pide un salir de nosotros mismos para reconocer que la única plenitud está en ese reconocerme en lo otro, incluso en la hermana tierra. Ya San Francisco de Asís nos ha regalado esa alteridad que trasciende al ser humano y nos permite ser genuinamente hermanos de todo lo creado, ya que ahí también se revela el Dios de la vida y la esperanza. ¿puedo salir de mi propio sitio desde una conversión profunda, y construir otra manera de reconocerme en el otro y lo otro para unir voluntades y acoger el misterio de la vida como belleza donada por Dios mismo?


3. Desde la “PARRESÍA”. Esta palabra, parresía, significa el atrevimiento de entregarse, de hablar, y de actuar con coraje. Se trata de tener la valentía de hacer posible lo necesario. Necesitamos preguntarnos si tenemos el valor de pasar del cambio interior, y del reconocimiento del otro y lo otro, para llegar a una disposición de gastar la vida y entregarla por un anhelo y horizonte mayor al propio, superando al reducido horizonte que el modelo utilitario predominante de mundo nos propone hoy. Se trata de una entrega que lo remueva todo en nosotros, y que dada la urgencia del cuidado de nuestra casa común, nos lleve a asumir las consecuencias y los riesgos de salir y hacer la parte que nos toca para que esta transformación hacia la ecología integral y por los más vulnerables sea posible. La parresía nos pone en un sitio distinto, luego de la METANOIA y de la ALTERIDAD con el otro y la casa común, en este arrojo se confirma o no la confianza en ese Dios que se hace carne y que entre nosotros camina para llamarnos a la entrega radical, con discernimiento, desde procesos comunitarios, pero sin demorarnos más por nuestras ataduras o las que la sociedad nos impone.

El Papa Francisco, siguiendo la tradición valiente de la Doctrina Social de la Iglesia, y sobre todo hermanado con e inspirado en tantos mujeres y hombres que entregan su vida todos los días con METANOIA, ALTERIDAD y PARRESÍA, nos habla al corazón, nos habla frontalmente y sin adornos o rodeos. ¿Vamos a estar a la altura del llamado y del desafío presente o simplemente vamos a hablar?

Las llamadas del Papa se pueden quedar en inspiradoras palabras y en hermosos postulados que no signifiquen nada, a menos que nos hagamos cargo todos y cada uno de nosotros de la parte que nos corresponde. Todo puede quedar en un momento histórico que dejamos pasar, a menos que reconozcamos que depende de nosotros mismos esta transformación en todos los niveles de la vida. El futuro de la humanidad está en las manos de todos nosotros y de un cambio profundo que integre también procesos de solidaridad con los más excluidos y entre nosotros, y con una radicalidad que no rompa los tejidos sociales necesarios para anidar otro mundo posible aún por venir. Como Red Eclesial Pan-Amazónica REPAM, nos sentimos fuertemente interpelados por esta Encíclica y la misión que implica, y nos reconocemos claramente en ella desde lo que vamos tejiendo poco a poco. Que esta llamada sea una verdadera posibilidad de alabar la vida, la belleza, a la hermana tierra y a toda la creación, para encontrar todo lo que nuestra propia misión implica en este llamado que nos hace el Espíritu de Dios.