CUARTA ENTREGA: SABOREANDO EL CAMINO MISIONERO

Marabá – Brasil, Agosto 30 de 2014.
Carmen Amaya y Jairo Forero – CVX Colombia

En esta entrega nos vamos a centrar más en lo que ha sido la implementación del Núcleo del Proyecto de Educación y Ciudadanía (PEC), del cual mencionamos algo en una entrega anterior, como una forma concreta de trabajo con la comunidad del barrio en el que vivimos. También hacemos algunas reflexiones personales acerca de la dinámica de la realidad del barrio y de la realidad eclesial de la comunidad en qué vivimos.

Gran parte del mes de agosto estuvimos dedicados a la implementación del núcleo del PEC aquí en Marabá. Este proyecto que está liderado desde la ciudad de Manaos, capital del estado de Amazonas, nació en 1997 gracias a la iniciativa de un Padre Jesuita muy recordado aquí en la región Amazónica; (+) P. Claudio Perani, S.J. El PEC busca atender desde la comunidad el problema de la deficiencia de la educación, mejorando la relación entre la escuela y la familia, a través de la sensibilización de los niños, las niñas y las personas que son responsables por ellos y ellas. El PEC funciona de manera gratuita y gracias a monitores, educadores voluntarios, de la misma comunidad que se disponen para tal fin.

LA REALIDAD DE LA EDUCACIÓN EN MARABÁ

Antes de narrar el proceso de la implementación del PEC aquí en Marabá y más específicamente en el Barrio Bela Vista, queremos escribir acerca de nuestra aproximación a la cuestión educativa en este rincón del Planeta. No queremos referirnos aquí a datos estadísticos ni a cifras, que a veces son tan necesarias, sino a eventos que ayudan a describir la situación. ¿Cómo evidenciar que la educación que se recibe en la escuela tiene deficiencias? En general, cuando nos referimos a la educación básica o fundamental, que es aquella que se recibe desde los 5 o 6 años de edad, hasta los 10 o 11 años, los ojos se dirigen a la capacidad que tiene el niño para leer, escribir y hacer cuentas. Las habilidades con el lenguaje y con las matemáticas se convierten en el patrón de medida que abre las demás puertas para el acceso a la ampliación del conocimiento. 

En general en nuestro barrio aún encontramos un número importante de adultos analfabetos y de niños y niñas que van pasando de año a año sin aprender cosa alguna; esto último, debido a que la legislación del Brasil privilegia un sistema de evaluación y promoción basado más en cifras que en la calidad verificable de la enseñanza en las escuelas. Un profesor se enfrenta a una gran cantidad de trabas cuando considera que un alumno no debe ser promovido al siguiente año, y en contraste, con una gran cantidad de elogios cuando todo su grupo alcanza con “éxito” la tan anhelada promoción. Este sistema, unido a la baja cuantía de los salarios de los profesores hace que estos opten por la vía más fácil; promover a sus alumnos sin importar si aprendieron o no.

Una situación similar se encuentra cuando los adolescentes y jóvenes quieren acceder a la educación universitaria. Terminan su periodo de enseñanza media (ensino medio) y se encuentran con la realidad de un examen de admisión a las universidades públicas que exige de ellos una cantidad de conocimientos y destrezas que no tienen, porque rara vez fueron exigidos en sus escuelas. Por lo tanto, la gran mayoría de los estudiantes de las escuelas públicas no acceden a la educación superior ofrecida en el país y esos cupos quedan en manos de estudiantes que vienen de escuelas privadas, en donde la calidad de la educación es mejor. Así nos encontramos con un sistema educativo que sigue promoviendo la exclusión y la pobreza.

En el Barrio Bela Vista, los niños y las niñas van a alguna de las tres escuelas públicas que se encuentran cerca o dentro del mismo. La mayoría de los alumnos que hemos conocido hacen parte de una escuela que se llama María de las Gracias; esta escuela en particular tiene un sistema de educación que se llama intermediario, es decir, que no ofrece una jornada completa (de 7:00 a.m. a 4:30 p.m.) sino turnos de tres horas de clase efectiva al día. Las clases se desarrollan en salas que se observan llenas y con modestos ventiladores para atenuar un poco el calor. Mantener un ambiente adecuado para el aprendizaje en este contexto es algo que cuesta bastante y que de manera admirable algunos profesores logran.

Algunas personas hablan de corrupción, debido a la potestad que tienen los directores de escuela para ejecutar los recursos y cuentan con la complicidad del silencio de los profesores que observan pasivos el que los recursos no se vean reflejados en materiales y equipos necesarios. Nadie habla porque, ningún director de escuela va a querer contar en su equipo con un “soplón”; por eso, se prefiere callar y seguir contando con el sustento diario. 

Frente a todo este panorama, lo cierto es que se evidencian las dificultades en los niños, la frustración de los jóvenes que quieren estudiar en la universidad y no pueden, sumado a la impotencia de los padres, madres y responsables por ellos al no poder ofrecerles otra alternativa. 

LA IMPLEMENTACIÓN DEL PEC EN MARABÁ

Ante la forma de trabajo del PEC – gratuita y voluntaria – y lo descomunal del problema de la educación en este contexto, la imagen parece como el querer sofocar un incendio con paños húmedos o la bíblica lucha de David contra Goliat. Siempre es bueno huir de las tentaciones del eficientismo y de los proyectos con éxito completo, pues bien sabemos que la tendencia a ir por el camino de estas tentaciones termina siendo la parálisis. No siempre es fácil entender que empezar por algo es lo mejor y la fe en nuestro Señor siempre nos recalca que la mejor entrada es por el reverso del mundo.

El proceso de implementación del PEC comienza con la llegada de Deuzarina Santos (coordinadora del PEC en Manaus), que trabaja para los Jesuitas desde hace más de 10 años en el proyecto. Ella llega a Marabá luego de unos ajustes para su recibimiento y nuestro trabajo para buscar sensibilizar a la comunidad sobre la necesidad de acoger el proyecto. Luego de su llegada comienza todo el proceso de ejecución que consiste en capacitar a los voluntarios que habíamos conseguido, en adecuar las salas para el desarrollo de los encuentros, en las visitas a los hogares de los niños y niñas que ahora hacen parte del proyecto y en la puesta en marcha del mismo a través del desarrollo de los primeros encuentros. Para todo esto nuestro tiempo era de dos semanas, que era el tiempo que Deuzarina había programado para su permanencia en Marabá.

Para no llenar todo este escrito con detalles del proceso, podemos resumir diciendo, que se logró y que a finales del mes de agosto ya teníamos un núcleo funcionando, con dos encuentros semanales de mañana y de tarde; y 45 niños y niñas dentro del proyecto. Nos sentíamos realmente satisfechos, es esa satisfacción que a veces ya raya en la soberbia. Las dificultades no se hicieron esperar, pero antes de contar un poco de esto queremos hablar de los niños y las niñas del proyecto de manera general.

LOS INICIOS DEL PEC EN MARABÁ: LOS NIÑOS Y LAS NIÑAS

El centro del trabajo del PEC son ciertamente los niños y las niñas. Algo que nos enseña San Ignacio y que retoma la pedagogía ignaciana es el trabajo contextualizado. El contexto es el punto de partida y a la vez, aquello que se busca transformar. También desde esta pedagogía el alumno es el contexto vivo, por ello nos detenemos a observar sus necesidades y condiciones para cumplir el objetivo, que en términos de los Ejercicios Espirituales, es que el creador se comunique con su creatura. En términos pedagógicos que el alumno se encuentre con una experiencia de conocer que le ayude a “enamorarse” de aquello que va entendiendo y a lo cual le halla el sentido.

En nuestro contexto, la relación de los niños con la escuela la podemos considerar como pobre, esto es, que produce pereza, y que es más un requisito que un gusto . Una proporción importante de los niños, además de las dificultades escolares, presenta dificultades provenientes del contexto familiar, es decir baja calidad en la alimentación, falta de pautas de crianza, evidenciada sobre todo en las reacciones violentas ante sus compañeros y la falta de respuesta ante las reglas en los juegos y en el seguimiento de instrucciones. En fin, todo un abanico que constituye una de las piezas que hacen falta para comprender la precariedad de los resultados académicos de los niños.

Ante este reto, nuestra opción es trabajar primero en las bases que promuevan el desarrollo de un ambiente que permita reconocer el valor de aprender, antes de pensar o preocuparnos únicamente por los contenidos, sin descartar la importancia que estos de por sí tienen. Desarrollamos los encuentros dentro de un esquema que favorece tiempos para estar en grupo y también en trabajos individuales, así como el desarrollo de pequeñas tareas que faciliten la comprensión de lo que significa asumir responsabilidades. Le dedicamos un espacio también a la oración, en especial a la oración de acción de gracias. Poco a poco vamos viendo resultados en su comportamiento y nuestra relación con los niños y las niñas se va fortaleciendo más. Esperamos a su tiempo ir mencionando algo más al respecto de este proceso.

INICIO DE LAS DIFICULTADES

En tiempo de la consolación… prepárate para la desolación; así reza una de las reglas para discernir en primera semana. ¡Qué cierta y real es!. Las cosas iban bien hasta que un día por un conflicto relacionado con los horarios de uso del espacio de comunidad por parte del grupo de jóvenes, las cosas empezaron a cambiar. Tal vez fuimos demasiado tajantes con el cumplimiento de los horarios o tal vez fue la forma de hablar, lo cierto, es que tuvimos un momento tenso con los jóvenes que aún permanece, aunque ha bajado en intensidad. El problema es que algunos de estos jóvenes eran voluntarios del PEC y esto hizo que algunos se fueran del proyecto. Puede ser cuestión de madurez, puede ser cuestión cultural, pero la afectación fue palpable y tuvimos que hacer ajustes al proyecto para poder atender a todos los niños.

A partir de aquí empezamos a conocer dinámicas diferentes de la comunidad con respecto al uso del espacio físico (salones, quiosco, cocina) y los intereses que hay sobre el uso del mismo, intereses que se veían afectados por el funcionamiento del proyecto y nuestra estancia aquí. Comenzamos a evidenciar una Iglesia diferente, aquella que es permeada por intereses políticos y que se preocupa más por las cuentas por pagar que por el Evangelio. Una Iglesia que busca el poder y mantenerse en él. 

La cuestión es que, diferente a lo que estábamos acostumbrados a ver en nuestro contexto general de Iglesia, en el que el poder es otorgado más a los sacerdotes, en nuestra comunidad de Bela Vista esto era protagonizado por los laicos de la parroquia. Esta realidad nos llevó a pensar en el cuidado que debemos tener como laicos en nuestro trabajo apostólico y no ver nuestros lugares de misión como cargos o puestos jerárquicos, sino como espacios para servir; no como un lugar para escalar y ganar posición, sino el lugar en que se realiza realmente el abajamiento que propicia la verdadera encarnación.

Los acontecimientos realmente nos están enseñando que la misión es así, una oportunidad para ir madurando la opción cristiana y que la gracia de Dios es la que posibilita continuar, porque da sentido al día a día en aquello que solo podemos encontrar contemplando al Señor en su pasión. Solo en esa “Tercera Semana” es que podemos encontrar la fuerza para entender que la transformación de la historia solo se puede hacer cepillando a contrapelo. Nuevamente agradecemos al Señor el habernos puesto en este lugar tal como como somos y la gracia de seguir experimentando su amor a pesar de ser, así como somos.