13 de agosto de 2015

Compartir de Mauricio López frente a la CVX en Francia


“Desafíos y esperanzas para la CVX mundial en medio de la realidad de nuestro mundo hoy: un llamado hacia la co-laboración por el reino en las fronteras”
Congreso de la CVX Francia
Julio-Agosto 2015
Mauricio López Oropeza
Presidente de la CVX mundial

Foto: http://congres2015-cvx.com 
Primero que nada quiero expresar un sincero saludo a mis queridos hermanas y hermanos de la CVX en Francia, a los hermanos y amigos jesuitas a quienes les agradecemos tanto por su cercanía y acompañamiento desde nuestros inicios como comunidad y en nuestro anhelo de seguir madurando en colaboración fraterna para la misión, y en general a todas las personas cercanas a este estilo de vida ignaciano que nos acompañan hoy. Gracias, no solamente por la invitación a estar aquí entre ustedes hoy, sino sobre todo gracias por seguir entregando su vida en esta hermosa, compleja y esperanzadora ruta que es la que nuestra Comunidad de Vida Cristiana nos presenta y que tiene grandes y muy significativos horizontes. Pido una sincera disculpa por mi limitada realidad al no poder comunicarme con ustedes, como tanto desearía, en su propia y hermosa lengua, el francés.

Quiero, en nombre de toda la comunidad mundial, del consejo ejecutivo –EXCO-, y del mío propio, también aprovechar para darles las gracias, en serio, por toda la generosidad que desde mucho tiempo atrás han expresado como CVX Francia. Su apoyo es invaluable para que el camino de la CVX mundial siga avanzando con tal firmeza y esperanza.

Gracias, sobre todo, a cada uno y una de los que están aquí por seguir optando para hacer la diferencia en el mundo de hoy en que vivimos momentos donde parece predominar el sinsentido, el individualismo exacerbado, y donde muchos experimentan la pérdida de esperanza en la vida. Cuando hablan del pozo del encuentro como eje central de este Congreso, nos referimos sobre todo a esta gran diversidad que nos une para saciar la sed tan intensa que vemos en nuestra realidad, y que ese anhelo de compartir agua viva nos lleva a superar toda diferencia como experimentó el propio Jesús con la mujer Samaritana.


Ser miembros de CVX implica ya una firme valentía de saber, sentir y creer que otro mundo es posible, y que la posibilidad del reino es tan seria y firme que es menester mantenernos confiados en esta caminata, haciendo lo que nos toca para que ello sea verdad como seguidores de un itinerario que no es el nuestro y que es mucho mayor a nosotros. Ser creyente en el Cristo encarnado, y por lo tanto ser plenamente miembro de CVX, implica trabajar todos los días, en lo sencillo y en lo complejo de nuestra vida diaria, en busca de que la desesperanza no tenga la última palabra. Somos testigos, y hemos visto con nuestros propios ojos, escuchado con nuestros oídos, sentido con nuestro corazón, y vivido en carne propia la certeza de que la vida prevalece, de que donde abundó el pecado, sobreabunda la gracia, y de que nuestra fe apunta, siempre, hacia un sentido de resurrección, a pesar de las difíciles circunstancias que nos ofrezca la realidad.